
Y a través de mis fotos me han llamado de todo: ácido, triste, simpático, humorístico, descreído, cínico, “joéquebueno”, y “aydiosesteesminiño”. De todo. Al menos nunca a la cara nadie me llamó mediocre, que sería lo mas parecido a no hacerte entender ante los demás. Así que si tengo chorrocientas mil fotos que me pongo a mirar de tanto en cuando para reordenar y ver si han cambiado con el tiempo, no es con el ánimo de poseerlas, sino con la intención de que cualquiera que las vea pueda saber al dedillo como soy: si descreído, si animoso, si charlatan o un tío callado que tira con bala cuando le dejan. Es cuestión de apretar el botón del recuerdo para saber con otro lenguaje como soy. Es como si los muchachos de la foto en una calle de Las Palmas formaran parte, no ya de mi familia, sino de como soy. Ya veo, ya.
Total, un día sales a la calle dispuesto a contar [...]
Uno coge la cámara cada día y sale a la [...]